Beneficios de su práctica
Una persona que practica
Aikido mejora la calidad de su vida en todos los sentidos. Con la constante
práctica se van entendiendo y asimilando los principios de sus técnicas,
basadas en movimientos centrados y circulares, mismos que están de acuerdo a
las leyes del Universo.
El cuerpo se vuelve más
flexible y coordinado, los movimientos se hacen infinitamente sutiles y a la
vez, sorprendentemente poderosos y espontáneos. Así también, al aprender a
tranquilizar la mente, los pensamientos e ideas se vuelven más puros y
claros y como algo indispensable para el desarrollo del ser humano, se
aprende a vivir en armonía consigo mismo y con los semejantes.
En pocas palabras quien
practica Aikido, aprende a vivir utilizando todo su ser (mente, cuerpo y
espíritu), de una manera más positiva y sobre todo, mucho más creativa.
El Aikido crea en cada
uno de los lugares donde se practica, un microcosmos, donde además de
trabajar con nuestro cuerpo y mente, y ayudarnos a mantener nuestro
organismo en buenas condiciones, se adquiere, a través de la aplicación y
recepción de sus diferentes técnicas, una gran sensibilidad hacia cualquier
situación que amenace la armonía a nuestro alrededor. Al igual que en el
Dojo, el practicante llega a captar fácilmente estas situaciones en la vida
cotidiana y aplica lo aprendido por las enseñanzas del Aikido.
En cuanto surge
cualquier conflicto o incluso antes de que éste nazca, no se enfrenta o
discute con los demás y mucho menos llega al pleito, si no que es capaz de
encontrar un camino más adecuado y dejando que fluyan las diferentes
energías personales, las puede guiar, para conservar la armonía y resolver
los desacuerdos sin desembocar en situaciones violentas.
Todo lo anterior hace
que nuestras capacidades positivas encuentren un gran impulso y controlemos
realmente nuestra existencia, conduciéndola a través de una vida más plena
llena de paz y bienestar.